La violencia de género: de un marco estructural a la violencia en el contexto de la pareja

El único factor de riesgo para ser víctima de la violencia de género es ser mujer. De la misma manera, el único factor de riesgo para ser un maltratador es ser hombre. Porque si bien la violencia es una forma realmente eficaz de interactuar con las personas para dominarlas o sometarlas a quien las ejerce, la violencia de género parte de la premisa de la sociedad desigual en la que son los varones quienes tienen un dominio o supremacía sobre las mujeres.

La violencia de género es el tema que nos ocupa durante estas primeras clases presenciales del posgrado en los Malestares de Género -Su prevención e impacto en la salud integral de las mujeres-. Unas clases, las del viernes, en las que analizamos junto a Rosa San Segundo, catedrática y directora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid, y Nuria Varela, periodista y escritora, autora de libros como Feminismo para principiantes, los orígenes y las características diferenciadoras de los distintos tipos de las violencias que se cometen contra las mujeres.

 

El marco estructural de la violencia contra las mujeres

Rosa San Segundo ha sido responsable de establecer ese marco estructural de las violencias contra las mujeres. Una violencia que se comete desde todos los ámbitos de la sociedad, que tiene unos orígenes muy profundos en las primeras civilizaciones sedentarias y el surgimiento de la propiedad privada. Desde tiempos ancestrales las mujeres han sido sometidas y dominadas a través de la violencia, creando todo un orden simbólico de dominación a través de todas las instituciones y pensamientos sociales: desde las religiones monoteístas hasta el lenguaje, la ciencia, el arte, la literatura, los mitos…

“A lo largo de toda esta historia de la humanidad, no ha habido ningún grupo que haya estado dominado de una forma tan brutal como las mujeres”, sostiene Rosa San Segundo, “a quienes se les ha negado todo derecho humano y se las ha excluido de todo, incluso del lenguaje”.

Rosa San Segundo, catedrática y directora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid, con Soledad Muruaga, codirectora de la Escuela ESEN, antes de comenzar la clase del posgrado en los Malestares de Género.

Todo este marco estructural, cultural y simbólico que rodea a la violencia de género es precisamente lo que hace tan difícil salir de ella. Porque las personas somos socializadas de una manera diferente según nuestro sexo, y esta socialización es la primera encargada de que las mujeres seamos las sometidas a los hombres. Y la violencia es, precisamente, el mecanismo que perpetúa esa dominación.

 

La socialización de la violencia

La violencia es un comportamiento intrínseco del ser humano, no existente en la naturaleza. Es algo que se aprende durante la infancia, cuando se está construyendo la identidad, la personalidad y los afectos. Por eso es tan usual que de padres violentos salgan hijos violentos: es lo que aprenden a través de esa transmisión intergeneracional del maltrato durante la construcción de la personalidad.

Este aprendizaje es el que lleva a un hombre a ser un potencial maltratador. Pero no sólo eso. La carencia de la resonancia afectiva, un término que introduce Rosa San Segundo durante su clase del posgrado en los Malestares de Género y que se define como la inmunidad ante el dolor ajeno (que ellos adquieren, por ejemplo, con frases como “llorar es de niñas”, enseñando a los niños que llorar es malo y limitando el desarrollo de sus afectos). Mientras ellos se educan en esto, las mujeres reciben una socialización basada en la exaltación del amor romántico, lo que nos hace no sólo tolerar sino incluso ver con buenos ojos mecanismos que perpetúan la violencia, como los celos o el control.

 

Factores identificativos de la violencia contra las mujeres

La violencia de género es el único delito donde se cuestiona la culpabilidad de la víctima. Invisibilizada y infravalorada socialmente, las mujeres aprenden a tener la misma relación con la violencia, perpetuando e incluso transmitiendo ese mecanismo que las coloca en una situación de sumisión y dominio.

Los celos y la cosificación que conllevan, del control, del aislamiento y la ruptura de la red de afectos, la manipulación, la destrucción, las faltas de respeto… son los mecanismos que utiliza un maltratador para dominar a su víctima. Las mujeres socializan todas esas formas de violencia, permitiendo la existencia de esas relaciones violentas que se aguantan durante mucho tiempo. Ellos suelen tener actitudes muy sexistas y creencias muy estereotipadas, y no observan su conducta como violenta, justificándola y minimizándola, a menudo culpabilizando a la mujer de su propia conducta. La culpa es, a su vez, uno de los grandes mandatos de género de las mujeres, y el mecanismo que hace que ella se quede aferrada a su maltratador.

Esta violencia, además, se realiza con total impunidad, en un contexto que legitima la violencia a través de todos los poderes sociales. Los medios de comunicación, en los que la violencia se convierte incluso en un espectáculo y se trata con total frivolidad, son grandes responsables de ello, pero no los únicos. Socialmente, todas las personas tenemos una responsabilidad compartida al mirar hacia otro lado, al no involucrarnos ni participar de una manera más activa en su erradicación.

 

La violencia dentro de la pareja

La violencia de género está tan normalizada que ni siquiera las mujeres son conscientes, muchas veces, de qué es violencia de género. Con esta frase comienza Nuria Varela su intervención, en la que pone de manifiesto que si bien no hay ninguna otra violencia en el mundo que haya producido tantas víctimas mortales como la violencia de género, es al mismo tiempo una violencia menospreciada e invisibilizada por todos los poderes.

La periodista y escritora Nuria Varela, profesora invitada en el posgrado en los Malestares de Género, junto a Soledad Muruaga, codirectora de la Escuela ESEN

 

Así, una mujer es susceptible de padecer violencia en el contexto de su pareja sólo por el simple hecho de ser mujer. Además de que muchas formas de maltrato ni siquiera se ven como tal, como es el caso de los celos o el control, la violencia dentro de la pareja goza de muchísima impunidad. Se culpabiliza a ella por sufrir esa violencia, al mismo tiempo que se justifica a él por ejercerla.

Su objetivo no es otro que buscar la sumisión y la dominación. El hombre maltratador ha convertido en un objeto de su propiedad a la mujer maltratada y, como tal, considera que puede hacer a su libre antojo con ella. Otro rasgo característico de la violencia de género en el contexto de la pareja es que es especialmente brutal: los asesinatos siempre son extremadamente escandalosos.

Además, es una violencia estructural y continuada, no es puntual sino que en ella existe un ciclo de la violencia marcado por tres fases puntuales: la acumulación de la tensión, la agresión y la reconciliación. Un ciclo que se repite continuamente, enganchando y dificultando salir de esa relación de violencia, y cuya intensidad va in crescendo hasta llegar al asesinato.

Con Nuria Varela hablamos asimismo de las diferentes clasificaciones de las manifestaciones y tipos de violencia de género, si bien estas están bastante entremezcladas y cruzadas. Un apéndice especial ocupa la violencia estructural o simbólica, la violencia de lo que no se ve, la que legitima y perpetúa todas las demás violencias.

¿Te ha gustado el artículo? ¡Compártelo!Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someonePrint this page
  También te gustará...

Añadir un comentario


Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.