La violencia contra las mujeres y los Síndromes de Género

Durante la clase de ayer del posgrado en los Malestares de Género -Su prevención e impacto en la salud integral de las mujeres- estuvimos hablando sobre el marco estructural de la violencia de género y cómo se reproduce la violencia dentro de la pareja. Hoy hablaremos sobre los efectos e impactos que produce la violencia de género sobre las mujeres que han vivido una ruptura de pareja traumática, abusos sexuales durante su infancia o violencia dentro del seno de su pareja.

Son los que dentro de la Psicoterapia de Equidad Feminista catalogamos como Síndromes de Género, definidos como aquellas situaciones que, debido a la socialización machista y la violencia de género, las mujeres son susceptibles de vivir.

 

El trauma por la separación de la pareja y la ruptura familiar

Es indiferente que haya sido ella quien haya tomado la decisión de separarse de su pareja. La manera en que nos socializamos las mujeres hace que veamos la separación como un fracaso mastodóntico. Ante la ruptura, una mujer puede sentir que ha fallado en lo que ha aprendido que es el objetivo primordial de su vida.

Un tema que aborda Mercedes Risco durante el posgrado en los Malestares de Género. Para ello, las alumnas comienzan analizando la canción El muelle de San Blas, un claro ejemplo de cómo una mujer puede enfermar ante la ruptura de su pareja. Educadas en la dependencia, en el amor incondicional, en los mitos del amor romántico, en el ser incompletas si no tienen una pareja, viven como fracaso la ruptura porque la primera misión vital para la que han sido educadas es el cuidar: a su pareja, a su casa, a su familia…

Viven así la separación como un derrumbe de su proyecto de vida. De esta manera, lo que debe ser una situación normal se convierte en un trauma o crisis existencial de la que resulta muy difícil salir. Su suman los grandes mandatos de género de las mujeres derivados de nuestra socialización: la culpa por sentirnos responsables de la ruptura, la falta de autonomía, el miedo y la ansiedad a lo desconocido… Una situación que se agrava aún más si tienen hijos o hijas y si no es independiente económicamente.

En esta situación tienen mucho que ver los enganches amorosos, que Mercedes Risco define como hábitos e dependencia que inmovilizan para la superación. Son hábitos que hacen que en un principio la separación de la pareja resulte menos dolorosa, pero que sin embargo se convierten en rutinas que desencadenan en que las mujeres que tienen esos enganches no sean capaces de superar de una manera saludable la ruptura. Se sustituye el momento inicial de dolor y duelo por la separación por una serie de autoengaños, enganches que Mercedes cataloga en amoroso (la resistencia a soltar el sentimiento conocido de amor en el que se sienten bien), de autocompasión (creer que tienen la culpa por no haber conseguido que la relación continúe), de los cuidados (al dejar de cuidar a la pareja, sienten una pérdida de identidad), la búsqueda de la justicia (en lugar de asumir lo sucedido y avanzar, se quedan inmovilizadas en la búsqueda de los por qué), de ira (culpabilizarle a él y convertirlo en un odio que no les permite superar), de la amistad (resistencia a poner una distancia sana, que lleva a la mujer a no defender sus derechos durante la separación por intentar mantener una amistad que resulta irreal)…

Todos estos enganches desvían a las mujeres de otros sentimientos que deben tener para poder superar la separación. La pena y el duelo son mecanismos saludables, pero si con ellos se mezclan los enganches el proceso de ruptura será inadecuado. Cuando esta situación se produce de forma intensa y se alarga en el tiempo, es cuando aparece el Síndrome de Género por separación de pareja, que se caracteriza por una situación depresiva, en la que la mujer tiene una baja autoestima y está bloqueada en su situación.

¿Cómo una mujer puede enfrentarse entonces de una manera saludable a una separación de pareja?, es la pregunta con la que concluye Mercedes Risco su intervención sobre este Síndrome de Género. El potenciar pensamientos positivos, asumir el dolor y el duelo como un proceso por el que hay que pasar pero sin detenerse, potenciar la autonomía y la independencia, identificar los posibles miedos que se puedan tener, planificar la separación estableciendo objetivos a corto plazo para la resolución de los problemas, cortar el contacto con la expareja, mimarse, reconocer la propia valía, desmontar las ideas irracionales y ponerse límites son algunas de las claves para reconstruir esa identidad de la mujer y tomar las riendas de su propia vida.

 

Cuando la violencia se produce dentro de la pareja

Una vez analizado cómo las mujeres se enfrentan a las separaciones de pareja y cómo ésta puede ser saludable o, por el contrario, puede convertirse en una situación traumática, Pilar Pascual comienza su explicación sobre el Síndrome de Género derivado de haber atravesado un relación en la que ha existido violencia y maltrato.

Es importante que, para poder atender a las mujeres que son o han sido maltratadas, la o el profesional pueda comprender qué y por qué está atravesando lo que vive, que pueda ponerse en su propia piel. En este sentido, Pilar comienza analizando las construcciones que llevan a una mujer a sufrir violencia de pareja, construcción marcada por haber sido socializada en el patriarcado, tener una falsa autoestima y estar muy estereotipadas en su rol de mujer.

Las alumnas y profesoras del posgrado en los Malestares de Género.

Asimismo, analizamos cómo se forja una relación de violencia, desde la elección de la pareja hasta el establecimiento de una relación en la que él quiere el poder y ella se lo da. Se establece también una relación de dependencia, en la que ella renuncia a sus necesidades en favor de las de él. Comienza entonces el maltrato psicológico, existente en toda relación de violencia. Y cuando éste deja de surtir efecto, es cuando comienza la violencia física. El maltratador establece una serie de estrategias que hacen que ella distorsione su realidad, se responsabilice de lo que sucede en su relación, se cuestione a sí misma y tenga un fuerte sentimiento de culpa, niegue sus necesidades y confíe en que esa situación, en algún momento, cambiará.

¿Y cómo se puede detectar, desde un punto de vista profesional, que una mujer está siendo víctima de una relación de maltrato? Es la pregunta con la que Pilar Pascual concluye su explicación de este Síndrome de Género. Porque ¿cómo detectarla cuando no hay muestras visibles de violencia física?

Las mujeres maltratadas tienen una clara sintomatología en todas las esferas de la salud, sintomatología que tiene que ver con la desesperanza y la indefensión aprendida, el convencimiento de que hagan lo que hagan no van a ser capaces de salir de esa situación de maltrato. El dolor emocional se patologiza en numerosos dolores físicos, es corriente que estas mujeres manifiesten un dolor general. Por eso es tan importante que los y las profesionales de la medicina primaria estén preparadas para detectar los indicadores a través de la pregunta previa por la calidad de la relación de pareja.

 

Los abusos sexuales a las niñas

La tercera causa de los Síndromes de Género que hemos catalogado dentro de la Psicoterapia de Equidad Feminista son los abusos sexuales o el incesto vividos durante la infancia y los efectos e impactos que éstos tienen sobre las mujeres adultas que fueron abusadas.

En este sentido, para llegar a comprender el alcance de lo que supone la vivencia de los abusos sexuales durante la infancia, es importante comprender el momento en que se produce dicho abuso. El abusador, que en la inmensa mayoría de las veces es una persona realmente cercana a la niña abusada (su padre, su hermano mayor, su tío, su abuelo…), abusa de ella en un momento en el que se está produciendo la construcción de los afectos. Estos dos factores (la familiaridad del abusador y la inmadurez de la abusada) hace que se produzca una ruptura de los esquemas saludables del desarrollo de la niña. El efecto resultante es similar a un puzle mal montado.

Esta construcción distorsionada de las relaciones humanas y de los afectos tiene una gran repercusión sobre la mujer adulta. Dentro de la Psicoterapia de Equidad Feminista trabajamos precisamente con estos efectos psicológicos que caracterizan a las mujeres que fueron abusadas durante su infancia y que desarrollaron su personalidad con esa vivencia. Desde la propensión a vivir otras relaciones de violencia, o la imposibilidad de establecer relaciones de confianza ya sea en términos de amistad como de amor, hasta las alteraciones de la sexualidad, son muchos las sintomatologías que pueden manifestar estas mujeres, con las que hay que desempeñar un trabajo que comienza con un área de superación de las secuelas para continuar con la superación de los propios efectos del trauma.

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